La vergüenza en las adicciones. Sentirse mal con uno mismo dificulta el pedir ayuda

Hablar de adicciones suele llevarnos a pensar en el consumo, en sus consecuencias o en las dificultades que genera en la familia. Sin embargo, existe una emoción que puede permanecer escondida detrás de muchas de estas s

Hablar de adicciones suele llevarnos a pensar en el consumo, en sus consecuencias o en las dificultades que genera en la familia. Sin embargo, existe una emoción que puede permanecer escondida detrás de muchas de estas situaciones: la vergüenza.

Una persona con una adicción puede sentirse avergonzada por lo que ha hecho, por cómo ha tratado a las personas que quiere, por las promesas que no ha podido cumplir o por no haber conseguido dejar de consumir a pesar de haberlo intentado.

Y cuanto mayor es esa vergüenza, más difícil puede resultar pedir ayuda.

En ocasiones, la persona no solo piensa que tiene un problema. Puede llegar a pensar que ella misma es el problema.

¿Qué es la vergüenza y por qué aparece en las adicciones?

La vergüenza está relacionada con la percepción negativa que tenemos de nosotros mismos.

Mientras que la culpa puede centrarse en una conducta "he hecho algo que no está bien", la vergüenza puede llevar a pensamientos mucho más profundos:

  • Soy una mala persona
  • He decepcionado a todo el mundo
  • Después de todo lo que he hecho, ya no tengo solución

En las adicciones, estos pensamientos pueden aparecer después de años de consumo y de consecuencias acumuladas.

La persona puede sentir que ha perdido la confianza de su familia, que ha desaprovechado oportunidades o que ha causado sufrimiento a quienes la rodean.

La vergüenza puede alimentar el consumo

Una de las dificultades es que la vergüenza no siempre aparece después del consumo. En algunas personas puede convertirse en parte del propio círculo de la adicción.

La persona se siente mal consigo misma → intenta evitar ese malestar → consume → después aparecen nuevas consecuencias → aumenta la culpa y la vergüenza → vuelve a sentirse mal → vuelve a buscar una forma de escapar.

De esta manera, el consumo puede convertirse en una forma de evitar temporalmente emociones que resultan difíciles de soportar. El problema es que el alivio dura poco y las consecuencias pueden aumentar.

  • ¿Qué van a pensar de mí?
  • El miedo al juicio de los demás también puede hacer que una persona esconda su problema.

Puede sentir miedo de:

  • Contárselo a su familia.
  • Reconocerlo ante sus amigos.
  • Pedir ayuda profesional.
  • Ser etiquetada por su entorno.
  • Perder relaciones importantes.
  • Ser considerada débil.
  • Que los demás recuerden sus errores.

Por este motivo, algunas personas mantienen durante mucho tiempo una doble vida: intentan mostrar que todo está bien mientras afrontan en privado las consecuencias del consumo.

La vergüenza también puede retrasar el tratamiento

Una persona puede saber, en el fondo, que necesita ayuda y aun así no dar el paso.

  • Cuando consiga estar mejor, pediré ayuda
  • Primero tengo que dejar de consumir por mi cuenta
  • Me da vergüenza contar todo lo que he hecho
  • ¿Qué van a pensar cuando sepan cómo he llegado hasta aquí?

Estos pensamientos pueden retrasar una decisión que podría ser importante para iniciar la recuperación.

Por eso, pedir ayuda no debería depender de sentirse preparado para contar la historia perfecta. Los profesionales están precisamente para acompañar situaciones complejas y difíciles.

La vergüenza no significa que la persona no quiera recuperarse

A veces, desde fuera, puede parecer que alguien no quiere cambiar.

Sin embargo, una persona puede desear profundamente dejar atrás la adicción y, al mismo tiempo, sentirse incapaz de afrontar todo lo que implica reconocer el problema.

Puede existir una contradicción:

  • Quiero dejar de consumir, pero me da miedo enfrentarme a todo lo que ha ocurrido.

Esta ambivalencia es frecuente durante el proceso de recuperación. No significa que no exista motivación. Significa que todavía hay emociones y obstáculos que necesitan ser trabajados.

¿Qué puede hacer la familia?

Cuando existe vergüenza, determinadas respuestas del entorno pueden aumentarla.

Los reproches constantes, las humillaciones o recordar continuamente los errores del pasado pueden hacer que la persona se cierre todavía más.

Esto no significa que la familia tenga que justificar el consumo ni ignorar sus consecuencias. Es posible poner límites y, al mismo tiempo, evitar convertir esos límites en ataques personales.

Puede ser más útil hablar de conductas concretas:

  • Lo que ocurrió tuvo estas consecuencias y no podemos permitir que vuelva a suceder

en lugar de:

  • Eres una persona irresponsable

La diferencia puede parecer pequeña, pero ayuda a separar a la persona de su enfermedad y de las conductas que necesita cambiar.

Recuperarse también significa recuperar la propia imagen

La recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir.

Para muchas personas también implica reconstruir una relación diferente consigo mismas.

Durante el tratamiento se pueden trabajar aspectos como:

  • Autoestima.
  • Responsabilidad personal.
  • Gestión emocional.
  • Relaciones familiares.
  • Habilidades sociales.
  • Toma de decisiones.
  • Reparación de vínculos.
  • Prevención de recaídas.

El objetivo no es olvidar lo ocurrido, sino aprender de ello sin quedar atrapado para siempre en la culpa y la vergüenza.

Pedir perdón no es lo mismo que castigarse

Cuando una persona reconoce el daño que ha podido causar, puede sentir la necesidad de reparar.

Reconocer los errores, pedir perdón cuando corresponde y asumir responsabilidades puede formar parte de la recuperación.

Pero asumir responsabilidades no significa vivir permanentemente castigándose.

El pasado no puede cambiarse. Lo que sí puede cambiar es la manera de afrontar el presente y las decisiones que se toman a partir de ahora.

La recuperación permite transformar el sentimiento de "he arruinado mi vida" en algo diferente: "He cometido errores y quiero empezar a hacer las cosas de otra manera"

El papel de la terapia

Hablar de vergüenza no siempre es fácil. Algunas personas necesitan tiempo antes de sentirse capaces de compartir determinadas experiencias.

Por eso, crear un espacio terapéutico seguro y libre de juicios resulta especialmente importante.

En la Comunidad Terapéutica Carmen Tarín, el proceso de recuperación contempla a la persona en su conjunto. El trabajo terapéutico no se centra únicamente en conseguir la abstinencia, sino también en comprender las emociones, pensamientos y circunstancias que acompañan a la adicción.

La terapia individual y grupal puede ofrecer un espacio donde la persona descubra algo que durante mucho tiempo quizá le haya resultado difícil de creer: pedir ayuda no la convierte en una persona débil ni la define por los errores que ha cometido.

¿Se puede superar la vergüenza después de una adicción?

La vergüenza puede disminuir a medida que la persona recupera el control sobre su vida, reconstruye relaciones y empieza a comprobar que es capaz de tomar decisiones diferentes.

Cada pequeño avance puede contribuir a recuperar la confianza en uno mismo.

Volver a cumplir compromisos.

Aprender a expresar lo que se siente.

Aceptar ayuda.

Reconstruir una relación.

Mantenerse en recuperación.

Todos estos pasos permiten construir una nueva imagen de uno mismo basada no únicamente en el pasado, sino también en lo que la persona está haciendo en el presente.

La vergüenza puede convertirse en una de las barreras más silenciosas de las adicciones. Hace que muchas personas oculten lo que les ocurre, se alejen de quienes podrían ayudarlas y retrasen la búsqueda de tratamiento. Pero una adicción no define el valor de una persona.

Reconocer el problema, asumir responsabilidades y pedir ayuda son actos de valentía, no motivos para sentir vergüenza.

La recuperación no consiste en borrar el pasado, sino en aprender a vivir de una manera diferente y construir un futuro en el que la persona pueda volver a sentirse orgullosa de quién es y de las decisiones que toma.

En Carmen Tarín, entendemos que detrás de cada adicción hay una historia personal que merece ser escuchada y tratada con respeto. Porque para recuperarse no basta con dejar una sustancia: también es necesario recuperar la confianza en uno mismo.