El sentimiento de culpa en familiares de personas con adicción

Cuando una persona cercana desarrolla una adicción, el impacto no afecta únicamente a quien consume. La familia también puede experimentar miedo, tristeza, impotencia, enfado y, especialmente, culpa.

Cuando una persona cercana desarrolla una adicción, el impacto no afecta únicamente a quien consume. La familia también puede experimentar miedo, tristeza, impotencia, enfado y, especialmente, culpa.

  • ¿Habré hecho algo mal?
  • ¿Podría haberme dado cuenta antes?
  • ¿Debería haber sido más estricto?
  • ¿Y si hubiera actuado de otra manera?

Son preguntas frecuentes entre padres, parejas, hermanos e hijos de personas con problemas de adicción. La culpa puede hacer que el familiar revise constantemente sus decisiones del pasado y busque en ellas una explicación para lo que está ocurriendo.

Sin embargo, comprender una adicción implica también comprender algo fundamental: la familia no tiene el control sobre las decisiones y el consumo de otra persona.

¿Por qué aparece la culpa en las familias?

La culpa suele aparecer cuando sentimos que podríamos haber evitado algo que ha sucedido.

En las adicciones, esto puede resultar especialmente doloroso porque el deterioro suele producirse progresivamente. La familia puede recordar determinados momentos y pensar:

  • Tendría que haberme dado cuenta
  • Debería haberlo parado antes
  • Quizá fui demasiado permisivo
  • Quizá fui demasiado estricto
  • Si hubiera estado más pendiente…

Estas preguntas pueden generar la sensación de que existía una decisión correcta que habría evitado la adicción. Pero la realidad suele ser mucho más compleja.

La adicción no aparece porque la familia haya fallado

Las adicciones son problemas complejos en los que intervienen múltiples factores.

Pueden influir aspectos biológicos, psicológicos, sociales, ambientales y relacionados con la propia historia de la persona.

Por eso, no es correcto atribuir una adicción exclusivamente a la educación recibida o a la forma de actuar de una familia. Esto no significa que el entorno no tenga importancia. La familia puede influir en la evolución del problema y desempeñar un papel muy importante durante la recuperación.

Pero influir no significa ser responsable de haber causado la enfermedad.

  • ¿Y si hubiera puesto límites antes?
  • Esta es una de las dudas más habituales.

Cuando la familia mira hacia atrás, puede identificar situaciones en las que permitió determinadas conductas, prestó dinero, justificó una ausencia laboral o intentó solucionar las consecuencias del consumo.

Es posible que algunas de estas respuestas hayan contribuido involuntariamente a mantener determinadas dinámicas. Pero reconocerlo no debería convertirse en una condena permanente.

Lo importante es preguntarse:

  • ¿Qué puedo hacer de manera diferente a partir de ahora?

en lugar de quedarse atrapado en:

  • ¿Qué debería haber hecho hace años?
  • El pasado no puede modificarse. Las decisiones actuales sí.

Culpa y responsabilidad no son lo mismo

Esta diferencia es especialmente importante.

La culpa puede llevar a pensamientos como: "Todo esto es por mi culpa."

La responsabilidad permite plantear algo diferente: "No puedo controlar el consumo de otra persona, pero sí puedo decidir cómo voy a responder ante él."

Un familiar puede responsabilizarse de sus propias decisiones sin asumir la responsabilidad de la adicción de otra persona.

Puede decidir establecer límites.

Puede dejar de encubrir determinadas consecuencias.

Puede buscar ayuda profesional.

Puede aprender a comunicarse de otra manera.

Puede cuidar su propia salud emocional.

Todo ello es responsabilidad, no culpabilidad.

Cuando ayudar se convierte en proteger de las consecuencias

El sentimiento de culpa puede llevar a la familia a intentar solucionar constantemente los problemas derivados del consumo.

Por ejemplo:

  • Prestar dinero repetidamente.
  • Mentir para justificar sus ausencias.
  • Pagar deudas relacionadas con el consumo.
  • Resolver conflictos con otras personas.
  • Evitar que pierda determinadas responsabilidades.
  • Restar importancia a lo sucedido ante otros familiares.
  • Estas conductas suelen surgir desde el amor y la preocupación.

El problema es que, en determinadas circunstancias, pueden impedir que la persona experimente las consecuencias naturales de sus decisiones. Por eso, ayudar no siempre significa solucionar los problemas.

A veces, ayudar significa dejar de hacer aquello que mantiene el problema, aunque resulte doloroso.

  • Si le pongo límites, le estoy abandonando
  • Este pensamiento puede aparecer especialmente en padres y parejas.

La persona siente que poner límites significa dejar de querer, pero no es así. Un límite saludable puede ser una forma de cuidar la relación y, al mismo tiempo, protegerse a uno mismo.

Por ejemplo:

  • Te quiero y quiero ayudarte, pero no voy a darte dinero para mantener tu consumo
  • Estoy dispuesto a acompañarte a buscar tratamiento, pero no voy a justificar tus ausencias ante el trabajo

El mensaje es diferente:

  • No te abandono, pero tampoco voy a participar en aquello que mantiene tu problema.

La culpa puede llevar al agotamiento

Vivir durante mucho tiempo con una persona con adicción puede generar un desgaste emocional importante.

La familia puede permanecer constantemente pendiente de:

  • Si ha consumido.
  • Dónde está.
  • Con quién está.
  • Si volverá a casa.
  • Si cumplirá sus promesas.
  • Si volverá a recaer.

Cuando además aparece la culpa, el familiar puede sentir que tiene que estar permanentemente vigilando o solucionando situaciones.

Esto puede acabar afectando al descanso, las relaciones personales, el estado de ánimo y la propia calidad de vida.

Por eso, cuidar al familiar también forma parte del proceso de recuperación.

¿Cómo puede gestionar la familia el sentimiento de culpa?

No existe una fórmula inmediata, pero algunos pasos pueden ayudar.

Reconocer qué está bajo tu control

No puedes controlar que otra persona consuma o deje de consumir.

Sí puedes decidir cómo reaccionas, qué límites estableces y qué tipo de ayuda estás dispuesto a ofrecer.

Diferenciar ayudar de rescatar

Ayudar puede significar acompañar a una persona a buscar tratamiento.

Rescatar puede significar solucionar repetidamente las consecuencias de su consumo.

No siempre son lo mismo.

Dejar de juzgar tus decisiones pasadas

Probablemente actuaste con la información y las herramientas que tenías en aquel momento.

Es fácil juzgar el pasado desde lo que ahora sabes.

La recuperación familiar también implica aprender y cambiar.

Buscar orientación profesional

La familia no tiene por qué saber cómo actuar ante una adicción.

Un profesional especializado puede ayudar a comprender la enfermedad, establecer límites y evitar dinámicas que puedan perjudicar tanto a la persona afectada como al propio familiar.

¿Y si la familia realmente ha cometido errores?

Es importante no caer en el extremo contrario.

Que la familia no sea responsable de la adicción no significa que nunca pueda haber cometido errores. Puede haber habido sobreprotección, discusiones, falta de límites, conflictos o conductas que hayan contribuido a empeorar determinadas situaciones.

Reconocerlo puede ser positivo.

Pero existe una diferencia entre:

  • He cometido errores y quiero aprender de ellos.

y

  • Todo lo que le ocurre es culpa mía.
  • La primera frase permite cambiar.
  • La segunda mantiene a la persona atrapada en la culpa.

La familia también necesita apoyo

A menudo, toda la atención se centra en la persona con adicción y se olvida el sufrimiento de quienes la rodean. Sin embargo, los familiares también pueden necesitar un espacio donde expresar miedo, enfado, tristeza o culpa sin sentirse juzgados.

El acompañamiento profesional puede ayudarles a comprender mejor la enfermedad, establecer límites y recuperar espacios de su propia vida que quizá hayan quedado en segundo plano.

En Carmen Tarín, entendemos que la recuperación no afecta únicamente a la persona que tiene una adicción. El trabajo con el entorno familiar puede ser una parte fundamental del proceso. Acompañar a una persona no significa olvidarse de uno mismo.

Querer a una persona no significa hacerse responsable de su enfermedad

Esta puede ser una de las ideas más difíciles de aceptar para una familia.

Puedes querer profundamente a tu hijo, a tu pareja, a tu hermano o a tus padres y, al mismo tiempo, reconocer que no puedes vivir por ellos, decidir por ellos ni recuperarte por ellos.

Puedes ofrecer apoyo.

Puedes poner límites.

Puedes facilitar el acceso a tratamiento.

Puedes estar presente.

Pero el proceso de recuperación tendrá que ser, finalmente, de la propia persona.

La familia no es responsable de la enfermedad de su ser querido. Sí puede tener un papel importante en la forma de responder ante ella.

Aprender a poner límites, dejar de asumir consecuencias que no corresponden y buscar orientación profesional son formas de cuidar tanto a la persona con adicción como al propio familiar.

No necesitas dejar de querer para dejar de sentirte responsable de todo.

Acompañar también significa aprender a cuidarse.